domingo, marzo 16, 2008
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viernes, octubre 28, 2005
Familias italianas: Mil años hundiendo planes.
En efecto, desde los Borgia que sembraban la inquietud en la Italia renacentista hasta los clanes mafiosos, las familias italianas no han dado al mundo más que problemas.
El Conde Ugolino, según Dante, devoró a sus propios hijos. Napoleón era un pequeño hombre engrandecido que sólo ante la presencia de su mamma corsa se convertía en un gran hombre empequeñecido. La madre de Marco le hizo recorrer medio mundo con el mono a cuestas (tan pequeño y ya drogándose). Mussolini ponía multas a los solteros y daba generosas subvenciones a las familias sabiendo bien que su ejército más letal no lo formaban divisiones tanques, sino millones de babbi y mamme.
El único italiano un poco sensato parece ser un tal Geppetto, que para tener un hijo prescindió totalmente del anecdótico e incómodo trámite de formar una familia y se lo construyo él mismo como quien monta la maqueta de un barco por fascículos.
Lo peor, con todo, que le puedes hacer a una familia italiana es intentar hacer algo con su hija. El caso más conocido es el de Romeo Montesco, natural de Verona. El pobre Romeo sufrió lo indecible por mostrar cierto interés por Julieta con la desaprobación de la familia de ella. Los padres no veían muy bien que se fuese con ese tal. Las consecuencias, todos las sabemos.
¿Qué me han hecho a mí las familias italianas? De momento no he sufrido una vendetta, menos mal, pero tengo mis razones para recelar de ellas. Lo que prometía ser un fin de semana ideal con Elena en Londres a mediados de noviembre quedó frustrado por la negativa de los padres de ella, con la discusión consiguiente y el disgusto de la pobre ragazza. No los conozco en persona, pero las madres italianas suelen ser pasionales mujeres de armas tomar. Los padres, en cambio, son tipos adustos y con cara de pocos amigos a los que no les hace falta enfurecerse: sólo con una mirada ya cortan gargantas.
Pero, como decía Vito Corleone, al final," lo más importante es la familia."
lunes, julio 18, 2005
La recompensa del héroe
Temas sociales I
viernes, julio 15, 2005
Tribus urbanas: Los examinadores del carnet de conducir.
Increíbles aventuras: "Nunca cuentes nada a nadie; si lo haces empiezas a echar de menos a todo el mundo" 2005
Nueva York
Lo tengo decido y estoy buscando un vuelo barato y alojamiento en un YMCA (It's fun to be at the YMCA!) Me voy a Nueva York. En agosto. A finales.
Nueva York. La ciudad de mis libros, mis películas, mis poemas, mis canciones favoritas.
Nueva York de Annie Hall, Nueva York de Poeta en Nueva York, Nueva York de las canciones de Frank Sinatra y Simon & Garfunkelm, la ciudad de Spiderman... y la ciudad de El guardián entre el centeno.
Tengo todo este tiempo para organizarlo, haré un blog y os contaré todo lo que me ocurra.
Hasta entonces, deseadme suerte.
Y de este modo sabré a donde van las gotas de sangre de los patos que hay debajo de las multiplicaciones.
miércoles, julio 13, 2005
Próximos estrenos
Proximos estrenos: Vuelven las historias que deleitaron a público de varias naciones, vuelven las aventuras que todos esperaban. Vuelve el mail-serial más aclamado. Ahora, por primera vez en blog y en abierto.
Después de "Indiana Dans y la espada de Carlomagno" Tras contactar con la resistencia en París y viajar a Aquisgrán, al corazón del Reich en busca de la reliquia que ansiaba el Fuhrer. Después de la traición de Carol Goodman, de enfrentarse a doble agentes y conocer aliados en territorio enemigo... vuelve el héroe. Este verano INDIANA DANS SÓLO EN "INCREÍBLES AVENTURAS
Parte II:
Secuestro
jueves, julio 07, 2005
El graduado
And here's to you Mrs. Robinson Jesus loves you more than you would know Oh, oh, oh!
Estoy ya cercano a graduarme y no puedo dejar de sentirme como el pobrecito Dustin Hoffman en "El graduado". En esta película clásica, el recién licenciado Dustin Hoffmann vivía un affaire con Mrs. Robinson, una mujer mayor que él. Aunque yo no tengo, como él, a un pesado al lado que me diga que invierta en plásticos y tampoco lo querría, pues pronuncio poliuterano (¡el poliuterano ya está aqui!) y me atraganto en la primera u. Es una película bonita, con Simon & Garfunkel cantando como los eternos universitarios que pare´cian en las portasdas de los discos. Más externso universitarios aún que Bok, el muñequito extraterrestre que aparece en la Gaceta Universitaria. Curioso que con esa pinta de no licenciarse nunca, hagan la banda sonora del graduado. Pero vayamonos al centro democrático y social de la cuestión. El tema, esta vez y como siempre, son las mujeres. No las niñas, chicas, muchachitas, que son las que me gustan (Niñas en el sentido del sur, no creais que escondo posters de Maria Isabel en la carpeta) , sino mujeres hechas y derechas (como el PP). Mujeres de verdad. Decía, entonces, que no podía dejar de sentirme como un Dustin Hoffman sin piscina y sin coche. ¿Por qué? He aquí la historia...
En el colegio, mientras que otros se desvivían por las chicas mayores, a mi nunca me llamaron excesivamente la atención. En mi propia irrealidad era bastante realista y sabía que una chica mayor solía ser siempre una apuesta perdida. Una chica de mi edad también, pero al menos el salto generacional no era tan violento. Entre todas las chicas mayores de mi colegio, la estrella y, con mérito, era María B. Rubia, guapa, ¡qué voy a contar! Yo, a pesar de esto, no hacía como mis compañeros y mostraba más sangre fría. En el fondo había algo de esa chica que no me gustaba, al tiempo que por entonces yo tenía puesta toda mi cabeza en otra chica, más de mi edad. Sin embargo, una noche, gracias a esa chica, logré un breve momento de gloria. Aún recuerdo lo boquiabiertos que se quedaron los demás cuando se me acerco ella en la discoteca. Yo nunca había curzado una palabra con ella y podría asegurar que todos aquellos que la idolatraban tampoco. Venía con una gran sonrisa y me miraba a los ojos. Estuvimos hablando un buen rato, y cuando me vi la vuelta me sentí brillando un escalón por encima de esos pobres que pregonaban que habían cruzado una vez la mirada con ella o incluso, sin hacerlo, cómo había pasdo al lado de ella el otro día. Ella había venido a mi para decirme, con gran emoción, lo mucho que le había gustado un largo poema que había escrito para la revista del colegio. Me decía, y en efecto tenía razón, que era un poema diferente. Que no era como los otros, que coincidía con lo que para ella era la poesía... y que había conectado con sus sentimientos. Se declaraba, en fin, mi fan.
Esta conversación no sólo me dio un momento de orgullo y generó un poco de envidia y mucha perplejidad. También comenzó aquel día un don o quizás maldición o simplemente destino, que haría de mi mucho alguien escasamente apreciable para las chicas de mi edad, pero infinitamente interesante para las que tuviesen al menos un año más que yo.
Y de ahí, pasamos al presente. Sin cometer abusos como el de un conocido mío que tiene una novia/amante/loquesea unos doce años mayor que él (también había una vez una chica que tenía un novio doce años mayor que ella y que llegó a desarrollar una especie de obsesión por las figuras de autoridad), algo hace que las chicas mayores que yo suelen cogerme más cariño que las demás. Si me paro a contar, tengo bastantes amigas mayores que yo. Eso no quiere decir que las tenga de mi edad, e incluso menores que yo. Menores... no creo que más de tres. De igual edad, bastantes. Mayores... más de lo que yo en un principio me podría imaginar. Me refiero a chicas que no necesariamente me tienen que sacar muchos años - en algunos casos no es más que uno o dos- pero su número es suficientemente significativo como para llegar a pensar que algo no funciona como debería hacerlo.
SObre todo si a uno lo desarman con cosas como: "Si tuvieses treinta años me casaría contigo" "Si te cogiese con unos años más".... No son todos los casos pero sí más de uno.
Con esto, uno llega a varias conclusiones:Grupo I de conclusiones:
- Soy un inmaduro
- Soy demasiado maduro
- No quiero crecer
- Me merece la pena crecer
- Nací con dos meses de antelación y ni siquiera eso les basta. ¿Tendría futuro como embrión en esta vida?
- Si hasta ahora no me habían idolatrado de esta forma es que todavía no estaba preparado.
- Si quieren que me case con ellas cuando yo tenga treinta años, cuando siente la cabeza dfinitivamente, ellas ya tendrán la menopausia. Iré pensando en la adopción.
- Me siento como un bebé, al que todo el mundo dice "Qué mono es"
- Lo cierto es que también le gusto mucho a las niñas pequeñas (luego cuando crecen aprenden) Lo cual me da una sensación de desplazamiento generacional escalofriante.
- Lo peor de todo es que a m me gustan las que son más jóvenes que yo.
- Lo mejor es que me preveo en el futuro como un maduro seductor.
[Toma nota: Viuda millonaria]
Sin embargo, la realidad no se casa con el deseo. Tengo 23 y no 30 y estoy orgulloso de tener esta edad. Es más, me gustaría no pasar de esta edad. Esta circunstancia es lo que provoca situaciones poco naturales como la siguiente.
De pequeño me enseñaban con una canción que tenemos dos madres. En aquellos tiempos liberales nadie se lanzaba a las calles pidiendo un padre y una madre para cada niño, así que entonces teníamos un par cada uno. Una en el cielo y otra en la tierra, para precisar. Pues bien, yo tengo cuatro o cinco y a pesar de ser familia numerosa no me descuentan al pagar la matrícula. Esto puede acabar dando lugar a una situación estilo "Tres solteros y un biberón" pero puesta al día. Hasta que cumpla la edad suficiente, han decidido "adoptarme", creando un extraño vínculo edípico que no puede tener mucho de sano. Soy el niño, el nene, un cielo, un encanto, vamos. "Es que me siento como una mamá contigo" ¿Sí? ¡Mecachis, pues dame la paga!
"Tú serás nuestra madre" le dijo a Wendy Peter Pan. Y el chico que no quería crecer decía con estas palabras que en realidad amaba a Wendy.
Próximamente:
- Días de vino y rosas
- "Se Mahomete no va a la montagna, la montagna va a Mahomete"
jueves, junio 30, 2005
Así son los hombres. Homenaje al chico sensible.
domingo, junio 19, 2005
Erasmizándose
- Cuando te das cuenta que la mayoría de tus amigos no habla tu lengua ( y el resto es extremeño)
- Cuando dices "¡Vamos de excursión!" y la gente no te mira con cara rara.
- Cuando dices "¡Vamos de excursión!" y esa excursión no se posterga hasta el infinito
- Cuando una mujer cocina para tí y : a) no te sientes abusivamente machista y b) no es tu mami.
- Cuando te encuentras a las dos de la mañana, un martes, con examen al día siguiente, bebiendo vino y comiendo pan y queso en casa de una persona a la que acabas de conocer hace diez minutos.
- Cuando hablas con una persona española e inconscientemente evitas usar giros y expresiones.
- Cuando el tipo con el que hablas tan relajadamente fue a clase con Guillermo de Inglaterra y el de al lado se recorrió un continente andando y tú piensas que lo más emociuonante que puedes contar fue aquella vez que te caíste de la bicicleta.
- Cuando nadie te entiende los chistes de Chiquito, ni las menciones a Chanquete ni se desternilla con tu chiste de vascos.
- Cuando conoces a una persona a la que le gusta Andy y Lucas y tiene una carrera universitaria.
- Cuando te encuentras dando brincos por la calle, recitándo cántos en lenguas extrañas y no te ha poseído el diablo.
- Cuando te vas de vacaciones por Europa pagando sólo el alsa o el easyjet porque, al igual que Arsène Lupin, James Bond o Giacomo Casanova, tienes un buen número de residencias distribuidas estratégicamente por todo el continente.
jueves, junio 16, 2005
El sur también existe
Y se fue. Se fue Fer, el serón, el mapashito, Fernando, Pferd, er Nano. Y eso se merecía escribir algo en el blog. Fernando el extremeño, de una tierra poco conocida por aquí y que todavía tiene muchas sorpresas. Genéticamente tengo una cuarta parte de extremeño; espiritualmente, la mitad.
Se acaba la universidad. Una parte de mi vida se cierra y yo creía que me iba a patiren astillas dolorosas al despedirme de otras personas. Llevaba cinco años escogiendo palabras que pudiese más tarde regiswtrar en mi recurdo y últimas imágenes que nunca iba a olvidar. Tanto tiempo cultivando una angustia de despedida... y ahora no la siento. Nada. No hay nostalgia en la que recrearse ni echo de menos los recuerdos.
En cambio ya comienzo a echar de menos a una persona con la que no contaba. Nos conocimos en la más novelesca de las situaciones, como invitados a una recepción rea. Conozco a los príncipes y al segundo lo conozco a él. Yo había acudido con la que después se convertiría en nuestra Pequeclaudia y que entonces sólo era Claudia a secas porque todavía no nos habíamos constituido en alegre trinidad. En la coctelería del Reconquista, echados enlos sillones, persiguiendo a princesas y atletas, acabamos hablando de Extremadura como si los dos estuviésemos ahí y aún casi no sabía ni su nombre.
Al día siguiente descubrí, sin decir yo nada, que él también tenía fijación con traducir al español The Catcher in the Rye. Y a partir de ahí fue llegando todo los demás. El jamón, la nieve, el ¡hacho!, la sidra, lah bellotah, las partidas, el algún día, las leyendas de Salamanca, las visitas a Avilés, las comidas a las diez de la noche, los festivales del humor, los chocolates, el trío peligroso... Estos terribles Zipi y Zape.
Sobre todo, el recuerdo de un año más divertido en el que no eché de menos el frustrado Erasmus. Disculpenme esta melancolía.
Y me ha quedado una razón más para volver a Extremadura.
jueves, mayo 05, 2005
Lo que el viento escribió en la arena
miércoles, abril 13, 2005
Princesa, baja ya de la torre que tengo el brioso corcel aparcado en doble fila
Esta es una foto del viaje a Santiago. No tengo los pelos así porque hayamos metido los dedos en un enchufe, sino ¡¡¡porque estábamos en lo alto de la Torre de Hércules!!! Después de esto montamos un número musical que hizo que todos los turistas se escandalizasen. De izquierda a derecha somos: Yo, Katherine, Irene, Roberto y Joseph.
Una mañana de marzo tardía
Me senté en el parque y, como nota interesante, llevo viendo toda la hora pasar a un señor mayor encima de una bicicleta roja de niño, moviéndose como un pájaro y con una gorra azul y un bigote blanco. Gira con desenfado los brazos y yo creía que hacía deporte, pero parece que no. No soy el único sentado al sol. A mi derecha, una chica hojea gramáticas inglesas y a mi izquierda una alemana cuya belleza admiro tontamente leer un libro que no identifico. Yo sigo con Franny & Zooey, un libro que había despreciado cuando Yago lo trajo a casa pero que ahora aprecio profundamente, incluso a veces más que The Catcher in the Rye (aunque a diferencia de este último, no tenga yo algo de padre putativo) Me tendría que obligar a mi mismo a exprimir más el diccionario. Me entra el sentimiento de que cada vez repito más las mismas palabras y que la apreciación de mis compañeros de colegio de que tenía el vocabulario más extenso de todos mis condiscípulos empieza a perderse. Menos periódicos y más libros.
Carmelito, a pesar de la extrema indiferencia que muestra a veces hacia a es una máquina perfecta para el ingenio. Ayer, sin embargo, me dio una alegría al emocionarse cuando le di un boli multicolor. Me he propuesto como meta tener esos detalles a partir de ahora con alguien que a la larga me lo agradezca más.
Antes, y después de sufrir un casi-vahído hablando de donaciones de sngre. estuvimos palpándonos la cabeza en busca del famoso “pico celta”. AL parecer, si tienes una protuberancia en uno de los laterales posteriores de la cabeza, eso quiere decir que eres un auténtico descendiente de los celtas y , por tanto, automáticamente te conviertes en un asturiano de raza. Yo lo tengo, quizás no tan pronunciado como desearía, pero lo tengo de todas formas. Arsenio, por supuesto, no lo tiene.
miércoles, febrero 02, 2005
Especial de Navidad: Royality Show
Muerte en Granada o el abobinable hombre de las nieves. Prólogo
Dan agente colonial (El corazón de las tinieblas)
Salí la mañana del viernes del aeropuerto de Asturias. El día no era, digamos, desagradable, pero las brisas de la pista de aterrizaje hacían tiritar fácilmente. Amable y con una sonrisa en la boca, entré en el avión saludando a las azafatas, las cuales no sospechaban en absoluto que bajo mi simpático rostro se escondía el de un sospechoso de terrorismo a quien le había pitado tres veces el detector. Me tocó pasillo. En fin, yo hubiese preferido ventanilla pero era un viaje corto y no me molestaba. A mi lado pusieron a un peruano nervioso y taciturno que no paraba de mirar ala la pantalla de una videocámara y al que identifiqué rápidamente con algún descendiente del Inca y pariente lejano de Bryce Echenique. Ciertamente curioso, ciertamente hay un mundo entre ellos y nosotros. Viejo Mundo, Nuevo Mundo. Efectivamente había un mundo entre nosotros porque al cholito no se le había ocurrido otra cosa que reservar el asiento situado entre él y yo para colocar un globo terrestre que había comprado aquí, en la madre España y que debía de llevar a sus compatriotas para hacerles ver que el centro del mundo no queda en el Lago Titicaca. Como buen peruano, quedó dormido a los cinco segundo y no despertó hasta llegar a Madrid.Bienvenidos al trópicoEl viaje fue un poco monótono al ser en pasillo. Afortunadamente me dejaron usar el walkman, aunque no me enteré de esto hasta que llevábamos un rato sobrevolando las llanuras de Castillas. Intenté echar un ojo por la ventanilla (no, literalmente no) para ver si se veía el valle mágico de El Bierzo, pero …¡ancha es Castilla! A la hora, sobrevolábamos lo más parecido a Afganistán a este lado del río Tigres: es decir, la Comunidad de Madrid. “La temperatura exterior es de 7º grados”. Caray con Madrid: o te hielas o te asas.En los tres cuartos de hora entre la llegada y la salida no tenía mucho tiempo para hacer demasiado, así que mandé unos cuantos mensajes, hice un par de llamadas y pis. Husmeé un poco en las tiendas y me dediqué a observar disimuladamente al sabio de “Érase una vez el hombre”. ¡Dios mío! Todo estaba lleno de indios sudamericanos. No sabía ya si me encontraba en, pongamos que hablo de Madrid, o en Lima. Mientras esperaba en la cola de embarque, estaba al lado mío una chica que falaba portugués por teléfono y pude deleitarme un rato con las cadencias de tan sibilante idioma. ¡Lástima que se confundiese de vuelo y la mandases a outro! Si en el vuelo anterior me habían puesto al lado de un indio de allá, esta vez me pusieron al lado de un indio de acá. Es decir, esta vez me pusieron con un indio de la India. También de nuevo tuve la suerte de que hubiese un asiento libre entre los dos. Y esta vez ni siquiera había puesto tierra de por medio, sino que quedaba entre nosotros no más que vacío. Nada entre nosotros. Diferencias culturales, supongo. Pero, al ser la segunda vez, empiezo a sospechar un poco del racismo de Iberia. ¿Alguien se acuerda de M.A. el del “Equipo A”? M.A. siempre se mareaba cuando subía a un avión y por eso tenían que drogarle cada vez que lo montaban en uno. Pues eso me pasaba a mí. Sube, sube, sube el avión y mi cabeza da vueltas y mi estómago da vueltas y me pongo pálido, pálido. Afortunadamente, la comida de avión logra entretenerme lo suficiente como para poder olvidar durante un rato el mareo. No sé por qué la gente odia tanto la comida de avión. La comida de avión es divertida y en ocasiones, hasta está rica. No sé si era que tenía hambre, pero me supo como la mejor de las comidas. Me lancé con apetito sobre el bollito de pan untado con mantequilla y con queso. A continuación, destapé una tarterita y ¡voilá! Lombarda con lechuga. Personalmente, me gustan más las normandas que las lombardas así que la dejé y me dediqué a la lechuga. Hubo suerte y a continuación hubo filete de pollo sin empanar que me supo a gloria igual y yo no sé si tiene algo especial o es que yo estoy loco de atar (quizás lo segundo), pero ha emigrado sin duda a otra zona mi paladar (Por cierto, ¿sabéis cual es una de los nombres más típicos de Canarias? Es Auxi). Con la-cosa-parecida-a-pollo-pero-demasiado-blanda-para-ser-pollo venía una ensaladita. De postre, tarta de almendras, nata y gelatina, mucha gelatina. Tacita de te-taza y a mirar al ancho mar. Por fortuna, me salí con la mía y tenía ventanilla. Una pena que el día estuviese algo nublado, aunque sin duda aprendía varias cosas: 1)Castilla-La Mancha es fea. Prefiero Castilla-León. 2)Andalucía está llena de invernaderos. 3) El Guadalquivir en color café con leche. 4) El mar es azul. También vi África a lo lejos. Ahora mismo estoy teniendo memorias de África al acordarme de eso. Pasó bajo nosotros Lanzarote, pasamos nosotros por encima de Fuerteventura, el avión dio un brusco viraje y descendimos a Gran Canaria. La gente es alegre aquí: aplaudieron al piloto al tomar tierra. Me levanté sonriente, me desperecé y me palpé los pantalones para ver si estaba todo. Practiqué mis conocimientos con dos señoras francesas y me dispuse a salir al exterior.
Gepäcktragen
Esto es lo primero que uno se encuentra al llegar a Canarias. Aquí la lengua casi oficial es el alemán. Zum bais. Hay un enorme kartel en alemán nada más llegar al aeropuerto y todos los carteles vienen en alemán, luego en inglés y luego, en pequeñito, en español. Karlos nació aquí por lo menos. Así que ich trage meine gepäck y mi primera sorpresa es que aquí los helados marca “La Menorquina” se llaman “Kalisse” y tienen unas especialidades que no hay en la Península. Ich gehe aus dem aeropuerto y me encuentro al tercer Hombre de Negro.Y no me refiero a perro, me refiero al que no es el negro ni el blanco: es decir, el mulato. Es mi hermano, en su traje de faena y su moreno insular, que bonito él, que viene a recogerme. Advierto a Carol y Marie que mi hermano es como Hitler, Himmler, Göering, Goebbels y todo el Estado Mayor nazi junto. Así que, como Indiana Dans, me sentí en mi ambiente. Salimos fuera y me llega una bocanada de lo más extraño que he recibido nunca. Ha… hace calor… pero no hace calor… y hay gotas de lluvia en el aire… pero no llueve… ni llovizna… y todo huele a flores, el olor no abandona. Todo es extraño… y hay palmeras. Segunda sorpresa: mi hermano me lleva hasta el coche que ha alquilado y es entonces cuando descubro que es ¡¡¡ un descapotable ¡¡¡ Un descapotable de cuatro plazas (perfecto para meter a dos guiris, ¿no?), plateado y bonito. Somos los reyes de la carretera y la radio no deja de emitir música cubana y tropical. La verdad, es que la radio no emite otra cosa. Primeras impresiones: Guiris gustar fiesta. La montaña maldita Vamos de paseo por la autopista. El paisaje es bastante mediterráneo, pero las casas parecen scadas de Hispanoaméricas. ¡Dios mío, estoy atrapado en una novela de García Márquez! ¿Esto es España? ¡No! Pues la radio hace rato que no emite merengue y sólo emite en alemán, italiano e inglés (Non, on ne parle pas français!). ¿Qué ocurre? Estamos llegando a Playa del Inglés. Playa del Inglés, del Alemán, del Sueco, del Finlandés… Dice mi hermano que eso es el paraíso de las rubias y entonces, al oír eso, yo me pongo bastante triste porque me acuerdo mucho de cierta rubia y la echo de menos (no porque sea rubia, sino por ser ella) y me pongo aún más deprimido cuando pienso en que si hay tantas alemanas debe haber un igual número de alemanes y pienso aún más en la rubia. Danke Gott, todos los varones alemanes son mayores de 70 años o gays, lo cual me da un respiro. De todas maneras, no pienso traerla aquí ni loco. Aunque me sería útil, porque todos los carteles están en alemán y todos los bares son estilo alemán o inglés y ella sabe mucho más que yo. Aunque yo también sé, que por algo soy el cuarto mejor de la clase de alemán. Dejamos atrás una especie pueblo llamado Sonneland, nombre típico canario, como se puede comprobar y nos desviamos por una carretera al corazón de la isla. Confieso que, a pesar de ser asturiano, nunca lo he pasado peor en una carretera. Todo era un enorme precipicio lleno de curvas, estrecho para sólo un coche, sin pintar y con guaguas (autobús en canario) pasando cada poco. Ah, y con jeeps subsaharianos cargados de guiris hasta los bordes y que volvían de montar en el camello, creyendo que todo eso debía ser muy español y todo eso. Pasamos por varios pueblos. Uno de ellas me recordó, por una de esas estúpidas asociaciones que uno hace sin saber por qué, a un pueblo de El Bierzo que visité durante El Camino. El paisaje, sin embargo, era lo más parecido al far-west americano, con sus montes extraños, sus mesetas y sus cactus. De vez en cuando había un oasis con palmeras. Seguimos subiendo y a medida que subía la altura a mí me bajaban los colores y mi cuerpo no podía soportar más la tortura a la que me sometía el hiperactivo de mi hermano. A nuestros lados, salpicaban las corrientes de polvo rojizo de lava pequeñas cuevas guanches con murallitas de tosca fabricación. Pasamos el Roque Nublo, el volcán de La Palma. Llegamos all punto más alto de la carretera, donde parecía haber un poco de civilización. Realmente sólo había un cruceiro estilo gallego pero en Canario, cuatro puestos de verdura, un bar y el parador. Me bajo del coche como una peonza y el conctacto con el exterior me paraliza los músculos: el calorcito tropical de unos poco metros más abajo es ahora un fríiiiiiio y una bruma asturiana que me impide saber bien en qué maldito lugar de la Tierra me encuentro. En un lugar extraño sin duda. A penas bajarnos del coche, un lugareño que se comunica a gruñidos y que va vestido de algo así como de lagarterana[1] o mexicano, nos ofrece hacernos una foto con la burrita Manolita, animalito tan pintoresco como él pero seguro que con mucha menos picaresca. Los puestos de fruta tienen de todo… menos fruta normal. Hay frutas que yo no he visto en la vida. Reconozco las guayabas y las papapayas, pero es ¡que hasta las naranjas son raras aquí!. Hay también un perro famélico, un can esquelético, un espíritu canino, vamos. Hay un parador, también, pero está en obras y parece que lleva MUCHO tiempo en obras. De hecho hay un cartel de 1998 que dice que el plazo de las obras es de 15 meses. Pues no hay ni una triste carretilla y parece que las obras van para largo. La guía Lonely Planet de mi hermano lo confirma. Mi hermano dice que es el modo de trabajar en Canarias. Bajamos en dirección a las Palmas y me pongo las gafas de sol para disimular la cara de muerto ambulante que se me está empezando a poner. Además, las gafas son perfectas para disimular las pequeñas siestas. En un coche descapotable te dan el aire de mequetrefe perfecto que necesitas. La bajada es espectacular. El desierto de Nuevo México se va convirtiendo en la selva colombiana y por momentos creo que estoy en Sudamérica. Lo mejor de todo es el olor y las flores. Se mire a donde se mire, la riqueza y la variedad de las flores no permiten a los sentidos controlarse y el color sólo se ve superado por el aroma que no te abandona en toda las isla: olores fuertes a flores de todos los tipos , a jazmín, hierbabuena, emanaciones melosas que no conocía antes. Como Nicholas Cage in ‘Leaving Las Palmas’
Llegamos a Las Palmas, la capital de la isla de Gran Canaria. Pasé rápido, en coche, por el barrio antiguo. La parte antigua se compone de una zona de casas victorianas muy bonitas y otra colonial. Es lo más parecido que existe a La Habana vieja. Por las colinas se extienden casitas colgantes que cubren todas las laderas y que parecen diseñadas todas por niños pequeños o por Carmelito, que dibuja más o menos de la misma manera. Lo bueno de ir en descapotable es que se puede ver toda la calle como si fueses caminando por el centro de ella. Pasamos todas esas zonas de casas bonitas y llegamos al puerto, donde está la casa de mi hermano. Dicen que el puerto de Las Palmas es el puerto más inseguro del mundo después de el de Honk-Kong y que para entrar dentro de él tienes que pagar un taxi distinto. La verdad, es que si tenía mucha pinta de puerto de mafias. En la calle, todas las tiendas tenían los carteles en ruso y eso da mucho miedo. No parecía estar en España. Llegamos a un edificio con un enorme cartel que decía en alemán: “Centro de la Iglesia Evangélica en lengua alemana” y entonces me llegó una revelación y gracias a las enseñanzas del Padre (de sus hijos) Luca, comprendí loz misterioz de la fe: rezureczióne, cruzificzione, achenzione. Pero esto era en alemán, así que sigue siendo un misterio para mí. Justo en el edificio de al lado, estaba la humilde morada de mi hermano. Era la hora de la cena guiri, esto es, hacia las seis de la tarde. Así que dejamos las cosas en casa y fuimos a comprar la cena. Desechada la opción del restaurante chino “Come todo lo que puedas por 6€”, decidimos, o más bien, yo seguí la recomendación de mi hermano de prepararnos nuestra propia comida. Siguiendo el estilo informal y desenfadado del archipiélago canario, el supermercado tenía el nombre de Hiperdino y su símbolo es Dino, el perro-saurio de los Picapiedra[2], pintado de verde. Bastante apropiado, porque el supermercado era más raro que un perro-saurio verde. Me llevó a una estantería llena de latas y me puso en la mano una de color amarillo de carne picada mientras me decía que en Canarias, hasta hacía pocos años, esa era la única carne que existía, pues no había vacas. Ya empezaban las cosas raras. De postre, cogimos “Crema de pistacho Kalisse”, que además de tener el monopolio de helados tiene el de yoghourt y similares. Esa cosa no la venden en la Península. También me llevó al estante de pastelería y me enseño las especialidades Donut que no existen en la Península, como el donut relleno de vainilla, o el donut sin agujero, o el donut de chocolate blanco relleno de chocolate negro. Él hizo un esfuerzo y se compró un “Matahambre” y ese mismo nombre, tan poco serio y tan explícito, aparece impreso en los envoltorios del producto. El “matahambre” es una especie de ladrillo relleno de una sustancia desconocida. He comprobado que la gente en Canarias, en lugar del pincho de tortilla de las 11, se toma un matahambre de esos, lo cual se refleja en sus prominentes y generosos abdómenes. A la vuelta entramos en el auténtico badulaque[3], donde sólo se puede encontrari ncienso (toda la tienda huele a incienso), legumbres desconocidas, panes desconocidos, postres desconocidos, especias desconocidas y alcanzar el nirvana. Todo era indio en la tienda. Le dieron a mi hermano un par de tortas, pero las de comer, y marchamos a casa. Ahí, mi hermano, dándoselas de hombre de mundo, me preparó una comida especial. Me hizo abrir la lata de carne y una masa asquerosa a medio camino entre pâté (mon petit pâté, Adelita. Carmelito, apunta una palabra más) y comida de gato. Para mejorar la apariencia del producto, mi hermano echó el “Condimento de especias para kebab”, que era una pasta tan agradable como lo anterior, y lo frió. Después lo enrolló en as tortas y me lo hizo comer. De postre me dio papaya y guayaba. Es que es un hombre muy de mundo. Al menos eso cree él. Acabada la cena y con la cabeza aún dando vueltas por las prisas que me metió, fuimos a coger el ferry. Aquí el ferry se llama Fred Olsen, por la compañía que los regenta, pero los nativos prefieren el nombre “Freolse”. Nos tuvimos que desplazar a un puertecito no muy lejano, distante una hora. Y así, al pie de los auténticos Acantilados de la Locura[4], pues en mi vida los he visto tan altos y fantasmagóricos, junto a la gran roca que llaman “Dedo de Dios (José o Pepe)”[5] introdujimos el coche en las tripas del ferry, recordando a Pinocho o a Jonás. Lo más gracioso es que a un pobre hombre que iba en silla de ruedas lo tuvieron que meter también en la bodega. Al parecer, se considera vehículo. El rey del mundo Es muy bonito ver a Leonardo di Caprio en la proa del barco o a Spencer Tracy cantar “Ay, mi pescadito”, o a Popeye comer espinacas. El barco en realidad es una cosa muy distinta. Los coches van en la bodega y la gente va en una especie de sala de cine la mar (nunca mejor dicho) de cómodas y con apoyavasos y todo. La decoración es algo así como de casino de Las Vegas con un toque de Iberia. Aún me sentía yo algo mareado con el descenso de los aires que hizo ascender mi estómago y con el recorrido por la isla, cuando se me ocurrió la salvajada de sentarme en la parte delantera del barco, donde más se mueve, y encima ir a dar una vuelta por la cubierta, llamada así por estar a salvo de la intemperie. Iba caminando como un borracho, pero disimulaba un poco porque todo el mundo caminaba como borracho, sobre todo en primera clase, que tiene barra libre. Entré en el baño y… censuraré esta delicada parte porque lo van a leer señoritas de ánimos delicados, pero contribuí al alimento de los peces. El resto del viaje lo pasé en una pparte del barco que se movía menos, con una pepsi colgando de mi brazo inerte y contando el número de personas que entraban para favorecer la industria pesquera canaria. El de la camisa rosa entró y no salió. Yo acabé echando una pequeña siesta y no me desperté hasta que se vieron las luces de la bahía de Tenerife. Humedo, frío y verde En Tenerife nos recoge mi tío. Él es un nativo guanche, aunque más bien es la versión de Peláez pero a lo Canarias. Su barba me recuerda a él. Subimos a La Laguna. La temperatura allí es mucho más baja que en el resto de las islas y yo, que iba tan contento con mis gafitas de sol y mi look tropical, tengo que abrigarme bien porque todo es… asturiano, es decir: húmedo, frío y verde. Lllegamos a casa de mi tía. Es hija de mi tío Julio, de quien he debido de recibir algo de mi vena Indiana Dans, pues estuve viviendo muchos años en el Sahara, en Paraguay… en muchos sitios exóticos. Uno de mis mayores descubrimientos es que la televisión en Canarias NO es como la televisión en España. Además de emitir a una hora menos, la programación es distinta. Por ejemplo, Telecinco no es Telecinco, sino Telecinco Canarias y en lugar de la melodía característica suena un ritmo tropical. Y no hablemos de La Dos… La Dos no tiene un solo contenido nacional, sino que emite cosas como: “Lucha canaria” “Nuestras islas, nuestros pueblos”, “Especial música canaria”, “Noche de humor canario” ¡¡¡ni un solo programa nacional!!!. La noche la paso en un colchón con hondonada y despierto por la mañana en un país verde, verde, verde. Mis tíos se han levantado antes y han dejado el calentador encendido. A pesar de levantarme yo primero, mi hermano me trata a patadas y me llama tardón. Me envía a la ducha y yo obedezco sin saber que la decisión es desafortunada. El agua sale helada y a pesar de mis súplicas, mi hermano no logra encender el calentador. Le grito: “¡¡¿Tengo que ducharme a lo guanche?!!” ‘Si, tienes que ducharte a lo guanche”, me responde él. Pues me ducho a lo guanche y luego encima me corto al afeitarme. Indiana Dans en una de sus situaciones más peligrosas: en medio de una roca de lava, con un tajo en el cuello y con agua fría. Por supuesto, cuando salgo del baño llegan mis tíos y encienden el calentador. El caradura de mi hermano de ducha con agua caliente. Historia Verdadera de la Conquista de Indias
A traves de una avenida de estilo americano me acerco a San Cristóbal de La Laguna, ciudad colonial de 1500 que se mantiene exactamente igual que entonces. Incluso los bancos no pueden poner carteles con su logotipo fuera porque deslucen las fachadas, que son una explosión de coloridos interminables y distintas unas de otras, alcanzando todas las tonalidades de colores. La vida parece detenida aquí y la gente vive como si nada hubiese pasados desde 1600 hacia acá. Hay un convento de clausura que muros cerrados que no dan a la calle y se me antoja que Sor Juana Inés pueda estar detrás de esos muros explorando los abismos del hombre y que el Inca Garcilaso quizás salga en cualquier momento de uno de los palacios virreinales. Los niños de las escuela van vestidos con el mismo pañuelito que llevan los escolares de la Cuba de Fidel Castro y los únicos restaurantes que hay son tabernas venezolanas. “La guía Lonely Planet no lo dice, pero yo creo que la mejor forma de conocer un sitio es visitando su mercado” me dice mi hermano, experto explorador expatriado. En el mercado nos internamos y por un cuarto de hora registro mis bolsillos para ver si he traído conmigo el pasaporte por, definitivamente, eso NO es España. Mirra, batatas, ñame, yuca, roscos rellenos de batata, chirimoya, guayabas, zanahorias raras, guayabos. Lo único comestible que me parece familiar es una cajita de arándanos. Hay un mercado de flores que es un oasis de olores cercanos en el maremágnum de nuevas experiencias. Sin darme tiempo a comprar nada, mi hermano sale del recinto dejando en mis pensamientos el deseo de pedir la beca Séneca a la Universidad de La Laguna. España según un guiri
No acabé de ver la laguna, cuando mi hermano me volvió a conducir por aquella avenida que tanto se parecía a una de esas avenidas americanas de películas americanas pero con sequoyas a los lados en lados en lugar de robles. Cogimos de nuevo el descapotable y aparecimos en el extremo sur de la isla, donde no habita el olvido, sino los guiris. Playa América y Los Cristianos. Aunque ahí se hablaba todo menos cristiano [ continuará...]lunes, noviembre 22, 2004
Una recomendación para todos
sábado, noviembre 13, 2004
"Te paso el tic, te paso el tac", resúmen de una semana fantástica en Santander o "Retorno al Alfil"
Palacio de La Magdalena (Antigua residencia de SM. el Rey Alfonso XIII que Dios lo tenga en su gloria, para más señas), viernes 16 de julio de 2004:Como siempre. los cálculos me salen mal.
Al principio no quería ir y en un ramalazo de último momento, dos horas antes de coger el ALSA, decidí súbitamente que quería ir. Iba con la idea de quedarme un par de días sólo, creyendo que quizás lo más tarde que iba a volver sería el miércoles. Me equivoqué de nuevo. El catarrazo que me partió la semana por la mitad me quitó las ganas de ir a coger los billetes y, ya que estoy aquí y me lo estoy pasando también, ¿por qué no me quedo un par de días más y así me dan el diploma? Escribo el viernes y acabo de volver de la estación. He cambiado los billetes para quedarme hasta el sábado. Dios, me libre de todo lo que tendré que hacer a la vuelta en Oviedo.
Los que conozcáis Santander tendréis en la cabeza la imagen de La Magdalena sabéis lo bonito que es esto.El cursillo es algo diferente de lo que nunca había estado antes. En nuestra universidad de Oviedo, los cursillos de verano suelen ser tres o cuatro amiguetes que se trae el profesor de turno que pretende hacerse un talonario de noches de hotel a costa de tu presupuesto vacacional. Te ocupan todo el día y en definitiva no hay mucho más de lo que puedas encontrar en un libro -aunque también he visto algunas aportaciones inéditas con cierto interés-. Y luego el trabajo. En fin, una prolongación de las clases en la que sólo el cincuenta por ciento de los temas logra evitar los desmayos sobre la mesa. Gracias que dan créditos.
Bien, de nuevo me he pasado con mis declaraciones. Nuestro curso era, en sí, distinto a otros. Para empezar, no teníamos clase por la tarde. Excepto un día. Pero ahí no acababa todo. Nos sentábamos a cenar y empezábamos a conversar:-¿Tú estás también en el de física cuántica? - No, yo estoy en el de cáncer. -Ese esta bien, porque el de las ecuaciones diferenciales... ¡Qué frikis los matemáticos! - Bueno, no se si es peor eso o las enfermedades inflamatorias que hemos estudiado... - ¿Y tú? ¿Qué has hecho hoy? - Eh... hoy estuvimos viendo el saque de McEnroe... Si, ese "TÚ" soy "YO". Si, ese McEnroe es el tenista. Alessandro Baricco es el segundo escritor vivo más leído y conocido hoy en día en Italia. Digo el segundo porque estoy seguro de que el primero es Umberto Eco. Llegaba todas las mañana en playeros y chándal y nos contaba su excursión a Santillana, nos preguntaba dónde habíamos comido, intentaba saber si habíamos visto algo curioso, memorizaba poemas de los poetas locales y nos los reproducía o discutía con nosotros sobre las sardinas. Pero explicaba literatura como nadie. Nos explicaba la relación entre innovación y éxito poniendo música de Beethoven , comparándolo con Tarantino y haciendo un extraño baile con las manos ("Nieeeeeebla... Sáaaaaanchez" repetía en un incomprensible tantra mientras nos miraba con ironía), nos explicaba a Flaubert poniéndonos finales de Wimblendon ("Björk, diestro, sueco, carente de sistema nervioso") y declarando la genialidad de los zurdos. Enfrentaba a Celine (no, Dione, no, es un escritor francés) con Salinger, su ídolo y mi ídolo. Y nos hacía divertida la crítica literaria analizando las obras desde el punto de vista del que escribe. A mi me llamaba "joven Holden". Es un orgullo, pues es su personaje favorito de su libro favorito. Al pez gordo que nos vino a dar los diplomas lo llamaba "Mr. Bean". Y a la cara. Y el hombre hablaba en italiano. Ni una palabra de español. Había traducción simultánea aunque yo me negué a usarla para así practicar un poco mi italiano. Todo el mundo en el Palacio andaba emocionado al verlo. Reconozco con cierta vergüenza que no sabía nada de él antes de ir. Miento. Conocía "Novecento: el pianista en el océano", pero no la había leído, sobre todo porque no sabía que era de él. Ahí todo el mundo presumía de conocer sus obras. Pelotilleros. También conocía la escuela Holden. Una "ragazzina" de Turín que conocí este otoño me había hablado de ella y yo había visitado su página web un par de veces. Es una gran escuela dedicada a la técnica de la escritura que está en Turín. Me enteré de que Baricco era su director y fundador hace unas cuantas semanas. Le di a conocer mi interés por acudir a su escuela. No se dio por aludido; no soltó ninguna beca.
Lo demás... de todo. He pasado media semana entre la fiebre, el delirio y la congestión nasal. Catarro. Casi gripe. Aun ando un poco fatigado todavía y, como siempre en estos casos, taquicárdico. Fue por una buena causa a pesar de todo. El primer día se nos ocurrió la travesura de pasar media noche en la terraza, escondiéndonos de la terrible vigilante nocturna que nos intentaba mandar a la cama. Hacía tiempo que no veía las estrellas. Se no0ta fácilmente que Santander no tiene farolas de cinco brazos como Oviedo. Si no queréis tener gripe no estéis en pijama sobre una terraza. También secaos inmediatamente si salís del agua, sobre todo si son más de las 7 y media de la tarde.A pesar de tener que guardar cama durante un día me ha dado tiempo a hacer un montón de cosas. He ido dos días a la playa (y me bañe, tomé el sol, he nadado -ahora nado como un campeón-, enterré a un compañero hasta la barbilla y l solté una jauría de niños salvajes que le llenó la boca de arena) Fui a cenar por ahí dos días, salí de marcha, fui a la fiesta de las caballerizas, fui al teatro me dormí y salí en el descanso... No he parado. De hecho mi habitación es un desastre. No os permito decir ahora "Es que Dani es un desastre". No soy un desastre si tengo tiempo para ordenar (¿verdad Arseniul?) pero sí si no tengo tiempo. Te levantas, marchas, llegas a la residencia con el tiempo justo para cambiarte y volver muy tarde. Y tu compañero está en la cama. Porque mi compañero de habitación siempre estaba en la cama. Estuve tentado a cambiarme:
-¿Es que te molesta tu compañero?-No, es que le molesto yo a él. Entras en la habitación. Izquierda: alumno del norte en curso de literatura. Caos y cama vacía. Derecha: doctorando en matemáticas especializado en ecuaciones diferenciales, del sur. Orden y durmiendo. El hombre se acostaba a las 11 todas las noches. Y no es que se levantase temprano. Yo me despertaba a las 7:35, me levantaba a las 7:50 y a las 8:30 estaba abajo cogiendo el autobús. Él se levantaba a las 8:20. Por eso no podía ponerme a ordenar todo cuando llegaba. Me tenía que cambiar a oscuras y no acertaba doblando la ropa. Escribo esto en pasado pero igual todavía está en la habitación. Cuando lo dejé estaba durmiendo. Bueno... yo me acosté ayer a las 6:35 y me desperté a las 7:35 para levantarme a las 7:45, etc... Y no tengo sueño. ¿Comida? Buffet frío. Muy frío. También hay menú. El desayuno muy rico. Todo en el Palacio, como señores. La gente muy bien. Son de toda España pero los andaluces abundan especialmente. Marcho ya, que llevo muchísimo tiempo escribiendo. Tengo que ir a la residencia y seguro que me están esperando. Tengo que descansar un poco, hacer las maletas, ir a la hípica (que pijiguay que soy) y tomarme una horchata. Un abrazo para vosotros. Besos para vosotras.
Dani
El año que tiene tres inviernos o El viaje a(u)stral
Esto es Australia. ¿Grande, verdad? Tengo un proyecto con el dinero que me estoy ganando trabajando para la Universidad. Irme hasta ahí este verano. Sería mi primer viaje a(u)stral, mi aventura colonial. Tened en mente este mapa.
¿El título? Si voy en verano, ahí será invierno. Cuando vuelva de ahí aquí empezará el invierno.
martes, noviembre 09, 2004
Una noche en la ópera
Algunas veces pienso que debo de haber nacido con un siglo de atraso aunque en realidad sea prematuro pero me parece que me gustaría vivir en tiempos del modernismo y lucir mi chaqueta a los estrenos de las óperas. Como hago hoy.
En la puerta trasera del Teatro Campoamor me esperaba Jaime, médico, amigo y superior de mi padre y padre a su vez de las impronunciables hermanas Schmikrath. Además, es Presidente de la Asociación de Ópera. Magro, de ojos abultados, cara seca, estirada y calavérica, con cicatrices aún en el cuello de una operación de garganta, elegante, sobrio y caballero. Desde aquel momento me convertí en Elhijo Deldoctor Ramos, aunque la mitad de la gente opinaba que me parecía a mi madre. Además de un nuevo nombre, me dieron una tarjetita de “visitante” al tiempo que Jaime me apartaba la mano con la que yo sujetaba mi entrada:-¡Esto no te vale! ¡Ahora vienes conmigo! Fenomenal. ¿Para eso había dado yo la vuelta a mitad de camino al darme cuenta de que me había dejado la entrada sobre el mármol de la cocina? Intenté ser amable y adulto. Aunque sentía cierto pudor, Jaime me llevó a ver los camerinos después de enseñarme la nueva sala de ensayos construida debajo de mi querido Carbayón. Desde que la construyeron el Carbayón no ha crecido, tiene sierre aspecto de enfermo y no se le caen las hojas en invierno. Nunca había estado en unos camerinos. Y tampoco había visto de cerca los exuberantes escotes del siglo XVIII. Varios figurantes vestidos de época pasaban entre la sastrería y el maquillador. Me interné con Jaime en el Pasillo de las Estrellas. Un Obélix barbudo y bonachón con cara de hacer de criado nos saludó efusivamente, un figurín de primera fila nos invitó a unos Mon Cheris -hechos para las visitas inesperadas como esta- No me gustas pero cogí uno igual. No recibo todos los días bombones de manos de alguien con casaca y peluca. Entramos también en las intimidades de la actriz principal, que nos pidió su juicio. “Hermosa” contesto Jaime y yo me ruboricé-e un poco. Me dio por pensar también, como me pasa muy a menudo, que con veintidós años ya soy muy viejo. La siguiente parada fue el foso de la orquesto. Sorprendente. Después nos metimos entre las tramoyas: -Esto es lo más delicado, cuesta semanas prepararlo –me advirtió Jaime- ¡Cinco pisos! ¡Si falla algo de aquí se estropea toda la instalación! ¡Que emoción! Quizás esta iba a ser la última vez que podía ver eso. Pero mientras miraba hacia arriba pisé un cable. Un poco asustado por la gravedad de las observaciones de Jaime, sentí que todo el montaje se iba a venir a bajo tarde o temprano a causa de ese pisotón no intencionado. Me tranquilicé pensando que algo tan minúsculo no podía hacer nada. Me llevó a un palco, justo el que queda enfrente del escenario, menuda suerte. Aunque los primeros veinte minutos de la obra no paré de estornudar por culpa del terciopelo que bordea el palco. Me presentó a un médico amigo de mi padre y a su mujer, que me volvieron a sacar parecidos y yo salí a por agua. Cuando volví, lo que yo suponía un médico más estaba en medio de todo y yo no sabía bien en que silla sentarme porque parecía e4sar ocupando las dos. Al final se sentó pero fue para soltar un par de comentarios pedantes: -Sí, es una obrilla de Mozart, ya sabes… Mozart no era nada para la ópera… además los intérpretes son españoles… “¡Qué persona más estúpida!”, pensé yo. Entonces levanté la cabeza y le vi la cara. Entonces el bajo la cabeza y me vio la cara a mí. Nos quedamos mirándonos un rato. Me llevó unos segundos identificarlo… ¡era el padre de los gemelos! Me presenté, el me reconoció como “el que vive enfrente, en Jovellanos”. Encima de la panadería”, concretó su mujer. Sentí muchísima lástima; hace un mes que no vivo ahí. Aunque apenas me reconocía, ellos también me sacaron parecidos con mis padres. Mientras se subía el telón y las luces se apagaban estuvo quejándose del poco apego que sentían sus artísticos hijos hacia la ópera y la obra empezó. No estuvo mal. Bueno, las comedias de enredo no me gustan demasiado y la mayoría de los personajes eran unos caraduras inmorales pero me cayó bien el personaje de Cherubino. Conseguí entender bastante italiano y reconocer varias piezas de música. Llegó el descanso. Esperado porque tenía bastante hambre pero no tan ansiado como otras veces porque había conseguido meter clandestinamente un botellín de agua. Comí un pincho, coca-cola y chocolate. Vi a mucha gente conocida, como por ejemplo a Gonzalo, mi profesor de lengua del colegio. Pero la mayor alegr4ía y también una gran sorpresa fue encontrarme con mi tía Berta. Al toque del timbre volvimos al patio. Nos quedaban dos actos más (de 8 a 11:30) Algo extraño presentía. Había visto en el descanso a Jaime pasar corriendo con cara de preocupación y corría por el teatro el rumor de algún problema con el escenario. Finalmente un disco blanco como una oblea se iluminó sobre el telón y salió Jaime agarrado a un micrófono, solitario, flemático y tambaleante como Sinatra, iluminado y brillante como para recoger un oscar. Hizo el anuncio Recordé el cable que había pisado Debido a un grave incidente con la escenografía, nos informaba, se habían visto obligados a suspender la función. No podía ser yo, el primer acto transcurrió bien Pero quedaban más escenarios que no habían sido usados en el primer acto Recordé el cable de nuevo En fin, se acabó mi primera función de ópera. Recogí a mi tía Berta y nos fuimos caminando juntos bajo la lluvia mientras me decía: -¡En todos los años que llevo viniendo a la ópera nunca había ocurrido esto! Yo no fui pasajero en el Titanic


